A nivel local, y con el triunfo del oficialismo descontado, el principal atractivo del domingo 23 está centrado en la disputa por los cargos legislativos. Del resultado dependerá que el Concejo Deliberante profundice su abulia o recobre un poco de color.

De un tiempo (prolongado, por cierto) a esta parte, el Concejo Deliberante de Escobar se ha inmerso en una pérdida de representatividad que a días de las elecciones generales se encuentra al borde de su punto más crítico. Si el oficialismo se quedara -descartada ya la reelección de Sandro Guzmán en la Intendencia- con las diez legislativas que se renuevan -matemáticamente nada improbable a la luz de los resultados de las primarias- se generaría un desequilibrio de proporciones superlativas en el recinto de sesiones, donde el 80% de los concejales tendría la camiseta del PJ. Pero el panorama, aunque no muy distinto, podría ser otro y más saludable, institucionalmente, al nocivo actual.

Desde diciembre de 2009 el oficialismo cuenta con una bancada de 14 integrantes, lo cual no solo le da mayoría absoluta sino también quórum propio. Es decir, el Concejo Deliberante podría funcionar tranquilamente sin la presencia de ningún concejal opositor. De hecho, en el parlamento escobarense todo sucede a entera voluntad del Ejecutivo, aunque formalmente haya tres bloques minoritarios (Unión Celeste y Blanco, AVE y Peronismo Federal) que se reparten las otras seis bancas…

Sin el más mínimo debate ni aportes de ideas superadoras por parte de esa media docena de concejales, el HCD se ha convertido definitivamente en una mera escribanía del gobierno municipal, que consigue aprobar sus expedientes en tiempo express, se trate de lo que se trate y sin que nadie observe, critique ni tenga algo distinto para decir u opinar. Presupuestos, rendiciones de cuentas, adjudicaciones, rezonificaciones y -más reciente- hasta un pedido de 20 millones de pesos al Banco Provincia son autorizados con absoluta ligereza.

Encima, el año electoral empeoró estos síntomas: no surge desde los bloques un solo proyecto medianamente trascendente, inspirado o interesante, y las sesiones se consumen en menos tiempo que un cigarrillo. En síntesis, encontrar las “siete diferencias” entre oficialistas y ¿opositores? es, a esta altura, una tarea de tipo pericial.

Algo está claro: si el Ejecutivo con 14 bancas logró controlar todos los hilos del Concejo Deliberante, ¿qué no conseguirá con 16? Y si la oposición no quiso (o no supo) hacerse notar con 6 bancas, ¿qué fuerza o grado de representatividad ejercería con 2 menos?

Las variables posibles

En cada elección, los cuerpos legislativos se renuevan por mitades. En el partido de Escobar, son diez las bancas que tendrán nuevos ocupantes a partir del 11 de diciembre. El oficialismo pone en juego las 8 que obtuvo en 2007 con la boleta del Paufe; las otras 2 son de AVE.

La posibilidad de que Sandro Guzmán, además de la reelección, arrase con todo lo que hay en disputa surge del veredicto de las primarias que se realizaron el 14 de agosto. Si esos hubiesen sido los guarismos de una elección general, todos sus rivales se hubieran quedado con las manos vacías, ya que ninguno alcanzó el piso del 10% para entrar en el reparto de bancas.

La lista que más cerca quedó de esa línea fue la que lleva a “Tito” Achával para intendente, con un 9,3%. Cabe dudar si podrá mejorar su cosecha este domingo 23, cuando su candidato presidencial Ricardo Alfonsín figura en claro retroceso en todos los sondeos. Sin embargo, las listas que no pasaron el filtro de las primarias dejaron un 20% de votantes disponibles para todos. Solo unas migajas de esa porción le alcanzarían a UDESO para llegar a los dos dígitos. En ese caso, el reparto de las bancas ya no sería 10 a 0 sino 8 a 2.

Por su parte, si “Kito” Cantaluppi efectivamente se presenta como colectora del Frente para la Victoria tendrá amplias chances de acrecentar el 5,3% que recaudó en agosto con su corta y incolora boleta. En ese caso, es altamente probable que pueda pasar el 10% y también poner un pie en el Legislativo. De esta manera, ya no sería ni 10-0 ni 8-2 sino 6-2-2.

Otro con reales posibilidades de pasar del dígito es el pattista Juan Gaztañaga. Si bien en las primarias obtuvo el 4,7%, las cuentas le darían con la hipotética transferencia de los votos de sus dos rivales en la interna duhaldista -Isabel Aubone y Oscar Fontán-, más algún aporte de esos electores que modificarán su primer sufragio. En este supuesto, el 6-2-2 podría pasar a ser 4-2-2-2.

Un dato para tener en cuenta es que si Guzmán pasa la barrera del 50% -en las primarias logró el 40,9%- tendrá 5 concejales asegurados y hasta podría llegar a 6. Ahí, las otras tres listas no se dividirían 6 sino 5 ó 4 bancas. A no ser que ocurra un acontecimiento excepcional, esas son todas las variantes que ofrece el universo de las especulaciones.

En suma: las elecciones del 23 de octubre tendrán, al menos localmente, una decisiva incidencia en la futura composición del perimido escenario legislativo, donde la opción de máxima es que los escobarenses que no voten al ganador tengan al menos una voz que los represente. Poco, casi nada, pero indispensable.

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