Mientras que las estadísticas no alarman más que antes, la gente siente que ya no se puede vivir. Guarismos, lecturas, testimonios y opiniones de un tema que preocupa a toda la sociedad y que en Escobar generó movilizaciones.

Según todas las encuestas que se conocen, lo que se denomina como “inseguridad pública» constituye la máxima preocupación del conjunto de la sociedad argentina. Al menos es así para los que tienen algo que perder, ya que seguramente otros muchos que no son tomados tan en cuenta en estos mismos sondeos deben tener en mente problemas más urgentes y elementales, como su propia subsistencia diaria y la de sus familias. Acotación al margen, en el generalmente apático partido de Escobar se vio en diciembre un claro reflejo de esta crítica situación, a partir de una autoconvocatoria en la que unos mil vecinos -más o menos- reclamaron a las autoridades municipales y provinciales medidas concretas para frenar la delincuencia.

A juzgar por lo que se ve y se escucha a diario en las calles, el escenario es cada vez peor: el delito y la muerte acechan a la vuelta de la esquina, aún en lugares hasta no hace mucho (¿quince años?) tan serenos como Escobar. Sin embargo, las frías y muchas veces odiosas estadísticas -basadas en las denuncias que la gente hace de los hechos que sufre; único parámetro posible para medir o estimar una realidad- indican que, por el contrario, no solo no se está ante un recrudecimiento sino que, levemente, 2009 ha sido más benigno que el año anterior. ¿Creer o reventar?

Hay, claramente, dos factores que alimentan la creciente brecha entre la “temperatura” y la “sensación térmica” de la inseguridad. Por un lado, la acumulación de episodios y víctimas a lo largo de un determinado periodo de tiempo, más allá del término anual en el que se expresan y analizan más comúnmente los números. Esto conduce a una percepción razonable pero a veces engañosa a la hora de hacer conclusiones sobre algo que no es grave desde ahora, que quizás no lo sea hoy tanto como ayer y que -lo peor de todo- mañana no estará de ningún modo solucionado. El segundo elemento que incide en este plano es, como ya se ha demostrado hasta el hartazgo, el rol de los medios masivos, muchos de ellos cada vez más tenazmente amarillistas en el abordaje de esta temática, en gran medida por intereses políticos y económicos que encubren a sus ya atemorizadas audiencias.

De todos modos, la inseguridad está instaladisima (¿quién lo discute?) y no pasa día sin que varias personas la padezcan, irremediablemente, en una comunidad de doscientos mil habitantes como es el partido de Escobar, donde la policía recibe un promedio de una denuncia cada tres horas.

Pero creer que la solución a este flagelo se resolverá con más policías, menores presos y condenas más duras es, en el mejor de los casos, carecer de conciencia plena sobre la compleja dimensión que involucra a la inseguridad. Si sus causas se multiplican, ¿cómo no se multiplicarán las consecuencias? Sin embargo, el grito predominante, unívoco, es “seguridad”. Todavía las víctimas no claman por “comida”, “educación” y “trabajo” para los expulsados por el mismo sistema que, asi, retroalimenta a la delincuencia.

Los numeros, ¿mandan?

Datos oficiales obtenidos por DIA 32 indican que 2009 registró una tasa de criminalidad inferior a 2008 en el partido de Escobar, aunque aún superior a la 2007. En ese año se denunciaron 2.700 hechos, al mismo tiempo que fueron detenidas 750 personas. El número de delitos en 2008 escaló a 3.300 (+ 18%), y el de arrestos a 900. Finalmente, hasta la primera quincena de diciembre los ilícitos denunciados durante 2009 llegaban a 3.000, mientras que eran 1.300 las detenciones realizadas por estos sucesos. Además, según los informes de la policía, más de la mitad de los casos ocurridos en este trienio habrían sido esclarecidos.

El último registro distrital actualizado de 2009, correspondiente al mes de noviembre, dejó un saldo de 46 asaltos, 70 robos -sin uso de armas-, 49 autos sustraídos, 28 hurtos, 3 homicidios -todos producto de disputas personales- y 2 abusos sexuales. Total: 198 delitos, a razón de 6,5 por día; o sea, 1 cada menos de 4 horas.

Como contrapunto, la policía consignó haber esclarecido 126 hechos (63%), con 124 detenidos, además de realizar 24 procedimientos antidrogas, con el consiguiente secuestro de 429 gramos de picadura de marihuana y 56 gramos de clorhidrato de cocaína.

Problemáticas distintas

No todas las localidades y jurisdicciones del distrito sufren las mismas problemáticas. Vale decir, cada una tiene su propio mapa del delito.

Por caso, en Belén de Escobar el principal dolor de cabeza lo representa el robo de autos en la vía pública -tipificado como “hurto automotor”-, que en los promedios mensuales no baja de uno por día. Lo más alarmante es que esto ocurre en el acotado radio del casco céntrico, cuyos extremos no superan las calles Independencia, Italia, Gelves y Los Lazaristas.

Los asaltos son el delito más frecuente en Garín, los robos a viviendas en Ingeniero Maschwitz y los conflictos vecinales son lo más habitual en Maquinista Savio, de acuerdo a la descripción que ofreció a este medio el jefe distrital de la Bonaerense, comisario inspector Marcelo Guerra.

“Ojos verdes”

Así llamada, una iniciativa del Foro Vecinal de Seguridad de Escobar que en su momento sonó disparatada e inviable terminó por convertirse en una de las medidas centrales impulsadas desde el gobierno nacional y el Ministerio de Seguridad bonaerense para apuntalar la prevención del delito: la instalación de cámaras en la vía pública.

Para esto, el municipio de Escobar recibió más de tres millones de pesos a través del programa de “Protección Ciudadana” para colocar sesenta cámaras en las cinco localidades del distrito y montar una Central de Monitoreo. Misión que ya tiene a su cargo la empresa Global View, que tendría todo listo a más tardar en febrero, según los anuncios oficiales. Paralelamente, la Municipalidad creó recientemente la Dirección General de Prevención Comunitaria, comandada por Juan Carlos Papa, que también tendrá bajo su responsabilidad el funcionamiento de una patrulla comunal (desarmada) que colaborará con la policía en aspectos estrictamente preventivos y disuasivos.

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